TEPITO-TE-HENÚA
ombligo del mar grande, taller del mar, extinguida diadema.
De tu lava escorial subió la frentedel hombre más arriba del Océano,
los ojos agrietados de la piedramidieron el ciclónico universo,
y fue central la mano que elevabala pura magnitud de tus estatuas
Tu roca religiosa fue cortadahacia todas las líneas del Océano y los rostros del hombre aparecieronsurgiendo de la entraña de las islas,
naciendo de los cráteres vacíoscon los pies enredados al silencio.
Fueron los centinelas y cerraronel ciclo de las aguas que llegaban
desde todos los húmedos dominios,
y el mar frente a las máscaras detuvosus tempestuosos árboles azules.
Nadie sino los rostros habitaronel círculo del reino.
Era calladocomo la entrada de un planeta,
el hiloque envolvía la boca de la isla.
Así, en la luz del ábside marinola fábula de piedra condecorala
inmensidad con sus medallas muertas,
y los pequeños reyes que levantantoda esta solitaria
monarquíapara la eternidad de las espumas,
vuelven al mar en la noche invisible,
vuelven a sus sarcófagos de sal.
Sólo el pez luna que murió en la arena.
Sólo el tiempo que muerde los moais.
Sólo la eternidad en las arenasconocen las palabras:
la luz sellada, el laberinto muerto,las llaves de la copa sumergida.
ombligo del mar grande, taller del mar, extinguida diadema.
De tu lava escorial subió la frentedel hombre más arriba del Océano,
los ojos agrietados de la piedramidieron el ciclónico universo,
y fue central la mano que elevabala pura magnitud de tus estatuas
Tu roca religiosa fue cortadahacia todas las líneas del Océano y los rostros del hombre aparecieronsurgiendo de la entraña de las islas,
naciendo de los cráteres vacíoscon los pies enredados al silencio.
Fueron los centinelas y cerraronel ciclo de las aguas que llegaban
desde todos los húmedos dominios,
y el mar frente a las máscaras detuvosus tempestuosos árboles azules.
Nadie sino los rostros habitaronel círculo del reino.
Era calladocomo la entrada de un planeta,
el hiloque envolvía la boca de la isla.
Así, en la luz del ábside marinola fábula de piedra condecorala
inmensidad con sus medallas muertas,
y los pequeños reyes que levantantoda esta solitaria
monarquíapara la eternidad de las espumas,
vuelven al mar en la noche invisible,
vuelven a sus sarcófagos de sal.
Sólo el pez luna que murió en la arena.
Sólo el tiempo que muerde los moais.
Sólo la eternidad en las arenasconocen las palabras:
la luz sellada, el laberinto muerto,las llaves de la copa sumergida.
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